sábado, 25 de agosto de 2012

Abrirte la puerta




Sábado. Cuatro de la tarde.
Acabo de llegar de trabajar. Lo primero que he hecho ha sido buscar tu voz.
Todavía no he comido, ni me he quitado el uniforme ni he bebido agua. He buscado tu voz, deliciosa e increíblemente dulce.
Te decía que soy sensible a las voces y a los acentos. Es mi propia versión de “la música amansa a las fieras”. Y tu voz me relaja, me apetece ronronear y buscar tus susurros.
Qué será de nosotras no lo sabemos.
Pero hoy, sábado-cuatro-de-la-tarde, puedo decir que me haces sonreír y que me apetece buscarte. 

domingo, 12 de agosto de 2012

Pronombres personales


Las últimas semanas he reflexionado mucho sobre la difícil y a veces escurridiza cuestión de “pasar página”. He soñado con capítulos que terminaban, con personajes que aparecían, con mujeres que reaparecían, con libros que quisiera volver a leer.
Soñé que pasaba página. Y me desperté sobresaltada.

Nos reinventábamos, nos neologizábamos en cada encuentro. Escribíamos nuestros nombres de amazonas-amantes en nuestros cuerpos.
Ahora llevo su cuerpo tatuado en mi memoria. Aparece en mis prosas y se aferra a cada letra. Nudillos apretados.

Hay una página levantándose en el preciso instante en el que la nombro en tercera persona. La distancia aparece entre un y un ella. Son mis “pronombres personales (y políticos)”, aquellos que todavía no han sido escritos. Ella.
Hay una página levantándose en el preciso instante en el que no aparezco en el plural. La distancia es relativa, pero se manifiesta claramente entre un nosotras y un ellas.

Le di todos mis nombres propios. Su apellido, siempre, el mar.

Ella sabe que la amaré siempre. Ella siempre tuvo el poder en cursiva. Ella es la nadadora que avanza rápida con brazadas lentas.


Amiga Bret, yo un día vi a una musa nadando en el mar.



Ahora.
Ahora siento la alegría. Vuelvo a ser azul. El futuro está llegando y ya asoman nuevos personajes.
Terminar de pasar la página es un gesto de justicia. Es abrirle la puerta a ese futuro presente.

Ahora me siento libre. Cómoda y tranquila entre palabras y nuevos capítulos y libros.
Durante un ratito al menos, yo.